MI Gente está en la pelea

Acabo de conocer, de buena tinta, que mi programa “MI Gente y su Música” está en el primer lugar del rating de audiencia en la emisora Radio Juvenil, una súper grata noticia para un colectivo que no sólo forman sus realizadores, sino miles de oyentes que de lunes a viernes, desde las 2:50 a 5:00 de la tarde sienten como suyas cada una de las secciones de participación o comentario.
MI Gente y su Música es un programa que nació hace justamente 2 años, y que desde entonces se ha mantenido fiel a su ficha, en la que predomina el dialogo directo con el pueblo, a través de secciones de participación, excelente música y comentarios atinados, referentes a la realidad local junto a temas de reflexión y mejoramiento humano.
Felicidades a mi colectivo, integrado por la asesora Caridad Pérez, la coguionista Ana Rosa Torres, el realizador de sonido Edgar Rodríguez, el asistente de dirección Eduardo Ajo y mi colega locutora Odalys Vera Gómez. A este amigo, guionista, productor musical, conductor principal y director le corresponde agradecer a todos su profesionalidad y a mis oyentes su fiel y cariñosa sintonía. Mil gracias, Mi Gente.

Los juegos olímpicos y el corazón del hombre

Estamos en Juegos olímpicos, y no quiero hablar de deportes, prefiero hablar del alma humana, del corazón del hombre que por estos días se parece tanto.
Si todo fuera como es por estos días, si el hombre de todas partes hiciera lo misnmo que los deportistas de todas partes. Una contienda sana, sólo para probarse a sí mismos y disfrutar de un aplauso o una medalla. Si todos fuéramos los contendientes de esta gran fiesta que es el universo, entonces sí seríamos verdaderamente felices.
Que viva el deporte, que vivan los Juegos Olímpicos, y que viva el corazón del hombre. No decuidemos que todos somos hermanos.

Solo una frase

Una frase es un don, es la palabra del viento, es la lira de un Dios
Sólo una palabra basta para desencadenar la furia y el amor, una palabra es la creación de todo y lo que todo lo destruye. Es una palabra el odio, el amor, la venganza y la pasión. Una palabra, sólo basta una palabra y una hoja se convierte en sol.

Hasta la vista, colega

Escurridizo, solitario, lleno de resabios acumulados en tantos años de masticar la vida desde las madrugadas, cuando casi todos están entregados a las últimas caricias de Morfeo, viene desde lejos, con sus carnes enjutas y su escasa silueta, a moldear el éter desde sus manos nervudas y entintadas. Así aparece cada día desde hace mucho, bajo lluvia, con los fríos o calores, con salud y hasta con menos.
No se marca por el genio del oficio, ni definen como en otros los laureles, más le valen la constancia y la paciencia, las manías de calcular hasta el detalle. E impresiona por talentos escondidos, un papel, unos polvos, una pieza, todo cabe en su raída guayabera, en su bolso y sus ideas.
De sus canes, sus chancletas y sus rones, bien pudiera hacerse un libro, con capítulos que hablaran de espectáculos, de canciones mexicanas, y de cosas que pudieran parecer tan saludables como el tino de una real fangoterapia.
Es sin dudas personaje de leyenda, no de vuelo universal, eso se sabe, pero hay gente que de a poco va ganando, del cariño las mayores bocanadas. Y él es uno, de nobleza comprobada, de una historia que parece que no es, pero al cabo sí ha dejado, en la senda de mi radio, una huella muy difícil de borrar.
Llega el tiempo del adiós laboral para uno de los buenos, un adiós que no parece despedida, pues se queda en los paneles de su estudio, en viejas cintas que aun conservan bien su firma y en palabras que recoge el refranero.
Fundador, compañero honrado, realizador de sonido, rotulador, fabricante de casabe, mariachi aficionado, beodo profesional, domador de perros, hacedor de papel carbón, albañil, innovador, semental de reconocidas facultades, son algunas de las virtudes de mi amigo Will que desde hoy pasa a engrosar las filas de los que en los primeros días de cada mes hacen la colita a la puerta del banco para cobrar su pensión. Felicidades, y hasta la vista colega.

GRADUACION DE PADRE

Mi orgullo

Mi hija y yo

Con dos amigasNo es vanidad, ni falso orgullo, no es tampoco ostentación de un título ganado a expensas de sudor ajeno, aunque entrañable. Es sincero agradecimiento a la vida, al premio que aún no merezco, al regalo que una hija, sin pedírselo, me ha hecho para siempre.
Mi primogénita acaba de recibirse de Doctora en Medicina, ¡que grandeza encierran esas palabras!, ¡que profundidad alcanza ese compromiso! No lo quiero como tal vez algunos sí lo exhiban, a la manera de trofeo por venir de mi sangre o mi apellido. Lo veo como el magno resultado de su esfuerzo, de su gran pecho para enfrentar los sueños, de su pasión por el futuro.
Gracias, niña de mi vida, gracias pelotica de mis entrañas, convertida hoy en la Doctora María Nathalie Rodríguez Rodríguez. Mil gracias te da este padre, no el mejor del mundo, pero feliz de que junto a tu alegría de graduada, me hicieras el honor de estar a tu lado y recibirme yo también como mejor persona.

Acto de fe

La vejez no es enfermedad, es placer, todavía no llego, pero todos vamos caminando hacia ella. ¡La sientes, pero disimulas! No haces más que nacer y ya estás haciéndote viejo a cada instante. De todos modos hay que envejecer, lo más triste es por dentro, un remedio es la alegría. Los versos son un desquite contra la nostalgia, en realidad todo ya pasó. Pero quedaron. También será canción, que un día sentirás.

Estoy envejeciendo y nada ya me importa,
Por lo menos, no me importa como antes,
Cuando el tiempo parecía inacabable,
Y el reloj era no más, que un mueble viejo.
Hoy los días se me escapan fugazmente,
Y las noches tienen largas madrugadas,
Las almohadas se me antojan inservibles,
La cobija, simplemente insoportable.

Culpable soy de los amores conquistados,
De las caricias y los besos prometidos,
De aquellas noches solitario en una cueva,
Y de la ofensa de los llantos repartidos.
Soy el que vaga entre cariños con la rabia
De ser feliz sin merecer la fértil dicha,
Tal vez mi cuota de castigo está en la mancha,
Con qué cubrir de falsedad mi fe perdida.

Huesos

Todos los llevamos, no podemos prescindir de ellos, es por eso que esta perfecta máquina interior me inspira y conmueve. Un instante para presentirlos y magnificarlos. Es también una canción que algún día escucharéis. Por ahora un par de estrofas.

He pasado la vida acomodando huesos
De mis viejos ancestros, y los míos, que siento
Como parte inseparable de mi guerra de tiempo,
Como percha invisible en un traje muy viejo.

Huesos, siempre huesos que me van por dentro,
Me duelen y abalanzan, hacia el fin del trayecto,
Y es bueno que así sea, porque estos viejos huesos,
Serán al fin y al cabo, lo que al mundo le dejo.